lunes, 31 de octubre de 2005

Astronomía lírica

Pasó en estos días -eso dicen, al menos- que Marte estuvo inusualmente cerca de nuestro Planeta Azul.

¡Cuántas posibilidades políticas da la cuestión! ¡Unas pulidas manos ideológicas, o las de un bravío hombre en el estadio ético, cómo no harían del asunto un discurso impresionante! Y con razón.

Nada diré de lo que una mirada simbólica de veras, la de los ojos del estadio religioso, podría decir de los signos en los cielos y que esa Guerra, la que representa Marte, y ese Amor, el que representa Venus, se enfrenten y compitan en el cielo.

Tan luego.

¿Y si en vez de ese Marte y esa Venus, se miraran y se midieran el Oyarsa de Malacandra y el de Perelandra...?

Pero una pluma mejor que ésta tendría que tomar el encargo.


* * *


El caso es que volví tarde a mi cueva esta noche, buscando refugio entre los libros, la música y el mate, de otras millones de cosas menos gloriosas y más rastreras.

Mirar al cielo desde la última parte del jardín en casa, es una práctica ya religiosa para mí. Y más de noche. Está todavía lo suficientemente abierto para poder ver algunos horizontes, celestes y terrestres. Hasta más fresco es todo de noche en esa última parte que termina en la puerta de mi refugio. Desde aquí se ven muy bien los crujientes oestes de tormenta, los ceñudos nortes del calor, los amorosos sudestes de nubes ansiosas en destierro, o el frío sur impasible. Por aquí pasan para mí los signos de los días y las tardes y las noches, desde aquí sigo las estaciones del año.

Y así llegué a esa parte, arrastrando los pies del peregrino que busca posada.

En el viaje, desde el tren, ya venía viendo a Marte refulgir cercano, furioso, rojo de cercanía. Pero no fue sino hasta esta sabana breve de mi jardín que note que Marte y Venus se enfrentaban en el cielo. Y que él, viril, brillaba más que lo habitual, claro, pero brillaba un poco menos que ella, más presumida, coqueteándole ella, seduciéndolo a él, ahora que se había acercado él y se hacía ver con sus arreos de batalla en fulgor.

En mi pobre astronomía, más bien lírica, obviamente, distancias y texturas no significan nada.

Apenas me alcanzó la mirada -maravillada como de un niño que mira- para darme cuenta de que en un momento quedé parado en medio del jardín mojado y silencioso de la noche, y, mirando hacia el sudeste, resultaba en medio de ambos contendientes que peleaban y danzaban sus guerras y requiebros en el cielo sobre mí, frente a mí. Tenía uno a cada lado y yo en el medio.

Me imaginé mítico, un hombre de milenios atrás (hoy día no me lo imagino), encantando con una batalla que hablara de las cosas del suelo en el cielo.

Y de este modo pasó el día.

Estaban en el cielo y enfrentados.
El oeste de Venus y de Marte
el este oscuro. Van a mis costados
y yo sin bando y sin tomar mi parte.

Hacia el poniente, Amor, van lacerados
mis venablos de furia y a buscarte.
Y al oriente, Guerrero, van dorados
en nardos y en jazmines a endulzarte.

Brilla el furor al este de mirarte
y al oeste se apagan doblegados
mis arrestos de sangre hasta alcanzarte.

Y mientras en el cielo y enfrentados
Venus se aleja del doliente Marte,
mis corazones tiemblan desolados.

La máquina

La liturgia de los próximos domingos de este año, abandona lo que resta del capítulo 23 del evangelio de san Mateo y recién retoma en el capítulo 25, con algunas -no todas- de las últimas parábolas de Jesús antes de la Pasión, para llegar a la Navidad en que se leerá el evangelio de san Juan.

Lo que sigue a este reclamo que oímos ayer domingo (Mt. 23, 1-12) a los escribas y fariseos, es más duro todavía: el famoso elenco contra fariseos. Inmediatamente después, el discurso de Jesús se vuelve esjatológico, acerca del juicio y del fin, y vienen los anuncios y advertencias sobre qué cosa es el Reino de los Cielos y cómo -no exactamente cuándo- será el fin, la mayoría de las cuales cosas están en parábolas. Y así lo dicen los sinópticos, con sus variantes y diferencias.

Son discursos y palabras que apuntan al centro mismo de la religiosidad.

Pero, además de lo substancial acerca de la naturaleza del Mesías y su obra, la Redención, además de las definiciones acerca de la naturaleza del Reino de los Cielos, el Reino de Dios, hay en estos pasajes como a contraluz una pintura de los personajes principales del pueblo de Israel: sacerdotes (levitas, 'sadoquistas'), doctores de la ley, escribas, fariseos y saduceos.

Para entender debidamente estas cuestiones, creo que en ningún momento habría que olvidar la 'elección de Israel', la preferencia que Dios manifestó taxativamente sobre el pueblo de Israel, el elegido, la viña, el campo, la novia, la esposa de Dios.

Ahora bien.

Está la máquina.

Para empezar a hacernos una idea de lo que podría significar, además de lo que primariamente entendemos, bastaría recordar que se estima que -por entonces- unos 20.000 hombres eran necesarios para atender el Templo y la vida religiosa y administrativa y educativa alrededor del Templo. Y así hacerse una idea de la máquina que Jesús tenía enfrente.

Me parece que no tenemos una idea exacta no solamente de la calidad de todos ellos, sino de la cantidad. Y no porque la cantidad sea determinante. Sino porque la cantidad puede ponerse en relación con el número de los apóstoles, así como la calidad intelectual de los apóstoles puede ponerse en relación con la exquisita preparación de sacerdotes, doctores, escribas, fariseos y saduceos. Sabemos, porque así lo dicen los Evangelios (pero también otras recopilaciones de sus enseñanzas y acciones, incluso cristianas), que algunos de ellos son hombres excepcionales, y así los distingue Jesús. Pero, en esos casos, tienen nombres propios, mientras que en los admoniciones y retos, no.

La relación entre Jesús y esos nombres genéricos, fue dura y a ellos dedicó las peores palabras (y probablemente, como se ha dicho, la única maldición que le conocemos: la de la higuera estéril.)

Que no lo sepamos la mayoría de los cristianos hoy (por más imaginación 'espiritual' que nos hiciéremos de esa relación tan áspera), no quiere decir que Jesús no lo supiera. Y que no lo supieran los apóstoles, peor aún, que de alguna manera iban a ciegas detrás de su Maestro.

De todo lo cual, me parece, podrían sacarse varias conclusiones. La misma situación -que nosotros solemos entender casi poco más que narrativamente- es ella misma una parábola, es ella misma 'algo dicho' acerca de lo que Jesús hizo, y quiso hacer, y quiso que supiéramos.

Nos podría pasar que sólo entendiéramos las rispideces entre Jesús y la inmensa mayoría de todos ellos, como una cuestión de mala vecindad. Y tal vez bastaría con eso.

Pero si es eso, lo cual es indiscutible, no es nada más que eso, sino por lo menos eso.

sábado, 29 de octubre de 2005

Celulitis

Volvíamos anteayer tarde en la noche de Buenos Aires al pueblo. En tren, claro. Veníamos en alegre compañía. Éramos cuatro y, salvo Juan Martín, había entre los demás tres generaciones de los de mi sangre.

Mi madre -nos encontrábamos en la ciudad y volvíamos juntos- me había llevado un viejo y empaquetado aparato de teléfono, italiano, ya antiguo (¡del año 2000! ay, qué rápido envejece todo...). Es que el teléfono -fijo- de mi cueva hace unos ruidos espantables y por esa razón me ofreció uno suyo en desuso.

En realidad, es verdad: un teléfono 'fijo' hay que decir, porque si uno habla de teléfonos y es en la calle seguro que es móvil...

El caso es que allí veníamos alborotando, comiendo viandas de paso, bebiendo brebajes inocentes, conversando en asientos enfrentados. Como un aparecido, enfiló por el pasillo del vagón mi hijo mayor y ocupó -como en un acto ensayado- el asiento vacío. Con lo que se completaron las tres generaciones.

Ahora bien.

Ocurre que no hay hora mala o lugar inconveniente para que la música celular atruene el aire. Y así fue que entre mensajitos de texto que van y vienen, llamadas para decir que 'estoy en el tren' y asuntos de gran calado similares a estos, varios cowboys y amazonas desenfundaron sus temibles y luciflamantes motorlas, nokias y ericssones, en brutal competencia.

Como estaba muy cansado y de aceptable humor, me pareció que podía aportar algo al huracán comunicativo.

Así fue que tomé la bolsa del regazo materno, una coqueta portacalzado de 'papel-madera', hurgué la caja del 'fijo', lo saqué de su sarcófago y de su sueños de silencio y finalmente lo exhibí en toda su aparatosidad impúdica. Levanté el tubo y el cable enrrollado se irguió como una cobra hindú hipnotizada en el mercado al son de mi voz.

Y me puse a hablar por teléfono... 'fijo'. Sí, finalmente también mi voz anduvo junto a la de los otros parroquianos telefonados, flotando ruidosa por el aire del vagón nocturno; en desventaja, cierto, porque no iba a ninguna parte lejos; pero allí estaba, con todo, compitiendo sin desmerecer mi amarfilado tubo cableado frente a las pequeñeces plateadas y huérfanas, que por supuesto obligaban a comprimir los brazos moviadictos. Entretanto, mi brazo podía desplazarse con una amplitud que más de uno no podía sino añorar.

Un par de veces repetimos la escena, porque Juan Martín, llevando la comedia al grotesco aleccionador -corrige ridendo mores-, también tomó el tubo no bien una chiquilla imperturbablemente masticante, nos escupía trivialidades en la nuca, como lluvia furiosa.

Un justiciero solitario, desde el 'descanso' del vagón y antes de bajar, miraba la 'llamada' desopilante que Juan Martín prolongaba en competencia desigual hasta exasperar, y se reía complacido mientras levantaba el pulgar imperial, en sentencia inapelable y aprobatoria. Un alma inocente y libre de prejuicios había entendido la parodia.

Disparates aparte, una cosa resultó cierta para mí.

Sin contar las justificadas -y mínimas- ocasiones, habitualmente las conversaciones por celular parecen tener dos vertientes.

Una, la inconfesable. Es la que obliga al portador del aparatejo a bajar la voz, abocinar la mano, apartarse del concurso de los mortales, profanos o inconvenientes en potencia. Allí va pues el celular automarginado, tan sólo a unos pasos fugitivos de la vida corriente, a susurrar quien sabe qué crímenes, qué estafas de toda laya, qué números secretos de caballos o quinielas, qué nombres ocultos o interdictos...

Pero está la otra vertiente, la más opresiva y frecuente. Es aquella que, por el contrario, parecería que azuza el narcisismo y obliga a vociferar. Allí es donde nos enteramos todos (dije t o d o s) de zonceras sin cuento, allí es donde esas trivialidades de neuróticos, que pensarán los están filmando para una telenovela, inundan el aire y nos invaden con prepotencia de decibeles indiscretos.

¡Qué remedio! Interrumpe uno la lectura, el sueño o la demorada meditación y espera que pase el monzón de boberías de la noche anterior, de la próxima noche, que se agoten los pormenores de ninguna cosa, de exámenes que no se dieron, de que el café estaba feo en la oficina o te dejé una cajita arriba de la mesa de la cocina, feteados todos en lonjas infinitas de detalles insulsos (que si fueran esos dramas humanísimos, historias lacrimógenas de veras, truculencias, heroicidades, bomberos que rescatan niños de árboles y gatos de incendios, secuestros frustrados, operaciones en plena calle, rencores que finalmente se olvidaron, devoluciones de bienes incalculables, tristezas que no terminan de pasar, amores demorados a primera vista..., en fin, cosas que pasan, pero no, de eso ni un solo rastro...): es decir, nada de nada, literaliter loquendo.

Y muy poco más nos trae esta celulitis al teatro de este mundo. La gente habla, habla por la calle, habla oquedades en soledad o casi, arriesgando el ridículo y el exhibicionismo por una paga pobre, insuficiente, decepcionante creo.

Y finalmente -palabrero y gritón- el balbuceante y alucinado trashumante no ha dicho lo mejor de si mismo, ni siquiera ha dicho algo relevante de si mismo y lo ha dicho en voz alta, a los gritos, pidiendo ser observado -queriéndolo o no-, pidiendo ser tenido en cuenta por cosas que no cuentan.

Cuando las células se comportan en el cuerpo de un modo anómalo, sobreviene el cáncer. Demasiadas células inútiles, dañinas, malvivientes, malvividas. Comunicándose entre sí su propia anomalía unas a otras.Ocupan un lugar, pero lo ahogan de nada, una nada voluminosa y vociferante, densa.

Así es como impiden el flujo de la sangre y de la vida. Entorpecen la salud, no por menos, sino por más. Pero allí más es inarmónico, feo, enfermo.

Porque allí más es nada.

viernes, 28 de octubre de 2005

Más humo en tus ojos

Estoy por sortear el albur de la puerta giratoria. Me detengo, doy una vuelta completa antes de entrar.

Hay un diseñadísimo cartelito sobre el vidrio de la puerta: Edificio libre de humo.

Dice algunas bobadas y zarandajas pseudoingeniosas sobre cigarrillos y no sé qué más.

Claro que entiendo el mensaje soft: prohibir no es políticamente correcto.

Entendido.

Pero.

El edificio es el edificio de un banco. Y hecho para 'ese' banco, que vive prácticamente de hacer hipotecas y de prestar plata a interés.

Entonces.

1. No es verdad que ese edificio esté libre de humo. No está libre de ningún humo. Más bien está bastante lleno de humo. Incluso del humo de los que fuman.
2. O el capitalismo financiero no usa ni entiende las metáforas. O el capitalismo financiero miente. O ambas cosas y algunas otras más.
3. Estoy pintando unos cartelitos muy mononos que dicen: Ciudad libre de bancos. No tengo idea dónde podría poner semejante panfleto subversivo.
4. Mientras veo dónde, publíquese.

La lengua de la Boca

Ese prurito xeneize de la totalidad, de "la mitad más uno".

Ese élan imperial de mayoría totalizadora...

¿Dónde si no en Génova podría aparecer una cosa así?

Ahora bien.

Permítame, amigo, esta herejía: que la Boca se le haga a un lado...

Porque, déjeme que le recuerde, hermano y amigo xeneize, que la última pretensión de totalidad en materia de lenguas no terminó del todo bien.

jueves, 27 de octubre de 2005

Yunta brava

Un señor Vélez al parecer, que si no oí mal es mexicano, ha dejado de ser la voz 'hispana' de Homero Simpson.

La razón es sindical, parece -por lo que le oí ayer a él mismo-, ya que la producción de Simpson no se lleva bien con el sindicato al que pertenece Vélez.

Bien.

Qué cosa, ¿no?

Lo que es a mí, mientras oía esta soberana estupidez, se me ocurrió pensar que Bart y Mafalda se llevarían más o menos bien.


Aunque me parece que Bart es más porteño que Mafalda y que Mafalda es más "quákera" que Bart.

Se me hace la idea de que a Bart, Mafalda le parecería un 'bicho'.

Como también creo que Mafalda es lo suficiente 'cholula' como para mirar a Bart como algunos miran a los turistas por Florida o San Telmo.

Me parece que Homero y el padre de Mafalda podrían congeniar, y las madres, más.

Ahora, que Bart se haría un festín con Manolito, eso es seguro. Y se llevarían bien.

Por supuesto que el descerebrado de Homero tendría cerveza gratis y el almacén de Manolito, déficit.

Pero, de verdad: ¿cómo no se les ocurrió a los superasesores de Bush y de Kirchner la yunta de Bart y Mafalda? ¿Así es como hacen política global estos tipos?

No.

Lo que siempre digo: ni los conservadores capitalistas entienden de negocios ni los "progres" de cabotaje saben de revolución cultural.

martes, 25 de octubre de 2005

Recreo

Estando en la Sierra Morena, como es sabido, Don Quijote dio en escribir, sobre ásperas cortezas bucólicas, unos versos para su amada Dulcinea.
Árboles, yerbas y plantas
que en aqueste sitio estáis,
tan altos, verdes y tantas,
si de mi mal no os holgáis,
escuchad mis quejas santas.
Mi dolor no os alborote,
aunque más terrible sea,
pues por pagaros escote
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
del Toboso.
Es aquí el lugar adonde
el amador más leal
de su señora se esconde,
y ha venido a tanto mal
sin saber cómo o por dónde.
Tráele amor al estricote,
que es de muy mala ralea;
y, así, hasta henchir un pipote,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
del Toboso.
Buscando las aventuras
por entre las duras peñas,
maldiciendo entrañas duras,
que entre riscos y entre breñas
halla el triste desventuras,
hirióle amor con su azote,
no con su blanda correa,
y en tocándole el cogote
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
del Toboso.

Pues bien, entrándole a estos versetes con todo su genio y parodia estaba este servidor, mientras derivaba a un tiempo por la poética cervantina, que tan felices horas y sufridas me da por estos días.

Fue allí que, poniéndome a mí mismo cara de fatiga intelectual, me hice de uno de esos recreos que se hace uno con la excusa de que tiene que pensar y ver.

Un poco de distracción. Jugar con los chicos, salir a caminar. Comprar tabaco de fumar. Esas cosas interminables de los perezosos como este quidam.

Volví al puesto de comando (todo viene a se acabar...). Algo de música, puse; unos mates me preparé aunque era ya oscuro el cielo de la noche llena.

Sonó entonces una cancioncilla con varios de los tics que por fuerza deben tener estas cosas.

Me había dicho alguien -no sé si es verdad- que Arjona le había escrito esta letra a Ricky Martin, a pedido.
ver
Tengo de millas de vuelo
para ir a Plutón;
tengo un club de fans en la luna;
Una casa gigante
que veo desde un avión;
y en los ojos de algunos, fortuna;
un ejército de alcahuetes,
un conflicto con Bush,
una suite en el Waldorf
y más autos que amigos.
Tengo ganas de no tener ganas,
tengo un par de mascotas
que no saben quién soy.

Y entre tanto que tengo
no encuentro
razón suficiente pa' olvidarme de ti.
Y de tu mano pequeña
diciéndome adiós
esa tarde de lluvia en San Juan;
de los besos que llevo conmigo
que son sólo tuyos
y nunca te di.
Por andar ocupado en el cielo
me olvidé que en el suelo
se vive mejor...
Mi boricua, mi india,
mi amor,
mi asignatura pendiente.

Tengo tres oficinas
y un piso en New York;
tengo tanto,
que no tengo nada;
tengo varias razones para tener razón
de que no hay peor razón que el olvido.
Tengo intacto al niño que fui;
tengo ganas de anclar,
otras tantas de huir
a un sitio perdido;
tengo ganas de no tener ganas;
de comprarme un boleto
de regreso al ayer...

Y entre tanto que tengo
no encuentro
razón suficiente pa' olvidarme de ti.
Y de tu mano pequeña
diciéndome adiós
esa tarde de lluvia en San Juan;
de los besos que llevo conmigo
que son sólo tuyos
y nunca te di.
Por andar ocupado en el cielo
me olvidé que en el suelo
se vive mejor...
Mi boricua, mi india,
mi amor,
mi asignatura pendiente.

Por supuesto que volví a leer los versos quijotescos. Y no vayan a creer que no les encontré más de una cosa en común.

Pensé si no era cierto finalmente aquello que decía Machado, creo que en Juan de Mairena, sobre que la poesía sin temporalidad era lógica en verso. O algo parecido.

Y me dije que podía escribir algo sobre estas concordancias.

Ahí nomás se me figuró patentemente el escándalo tan comprensible de más de uno que me sé y me represento vivamente.

Pero, no tanto escándalo, no tanto gorgorito, compañeros/as... A no alborotarse.

Que ayer, sin ir más lejos, en otro recreo flagelante, ya al final del día, me puse a ver -surfeando mi maltratado Philco 20 pulgadas que ya cumplió sus 12 añitos- "59 segundos", programa periodístico español y "Porta a Porta", el show periodístico de Bruno Vespa en la RAI...

Hay que practicar los dialectos, porque, si no, uno pierde la práctica.

La cuestión en uno era un repaso de la actualidad española (el estatuto de Cataluña, la gripe 'aviaria', leyes sociales...) Una guerra a muerte entre rojillos y fachas, diría alguien en jerga demodée.

En el otro, habían sentado en el banquillo al reality show de moda de la RAI: L'Isola delle stelle, creo que se llama: pseudo famosos psedo náufragos en una isla pseudo desierta. Ese glamour y ese encanto que tienen los 'tanos' para hacer pavadas perversillas y después sobre eso hablar pomposa y cínicamente pavadas infinitas, que siempre suenan como un sesudo tratado de sociología o historia de la cultura. Facciatosta!

Y me hice un festín. Y me vinieron a la memoria otros tantísimos pasajes del Ingenioso Hidalgo, con duques, curas, barberos, amas y sobrina y bachilleres incluidos...

No sé. Creo que -si no me dejan elegir- me quedo con Ricky Martin, el espantoso peso de su vidurria y la sentida nostalgia por su boricua abandonada, escrita por encargo, miren lo que les digo.

Y basta, que se me terminó el recreo.

Houellebecq

El asunto no es muy importante. Apenas me parece curioso.

Pero me gustaría que me dijera alguien qué razón pudo haber tenido el periodista o el diario para titular con esta frase este reportaje y, si fuera posible, variar las posibilidades y ver cuáles otras "polémicas" definiciones habrían servido para titular.

No.

Nada que necesite para dentro de un rato. Nada que necesite, en realidad.

Pero creo que el ejercicio permite entender.

Picabea

Cuando fueron las Invasiones Inglesas a Buenos Aires en 1806 y 1807, tuvieron un papel destacado no solamente vecinos -prominentes y comunes- y miembros de distintas colectividades en la Reconquista y Defensa de la ciudad.

Negros (esclavos, en su gran mayoría), pardos, morenos, indios, se llevaron muchas palmas. Mostraron coraje, lealtad y organización. Liniers, al barrio de Monserrat donde se agruparon finalmente los libertos, lo bautizó Barrio de la Fidelidad, en homenaje a las acciones de estas gentes.

Muchos de los amos de estos esclavos espontáneamente los liberaron, también accedieron a su libertad los que habían sido heridos en combate. El Cabildo de Buenos Aires les dio varios premios, incluso en dinero.

Entre otras cosas hizo un sorteo. Se anotaban los nombres de esclavos por una parte y se concedieron 70 "suertes" de liberación. De una bolsa, unas niñas extraían el nombre del esclavo y, de otra, otras niñas extraían la suerte, de modo que a quien le tocaba la suerte quedaba libre. Había, por cierto, más esclavos que suertes.

Entre otras muchas historias está la del esclavo Manuel Antonio Picabea.

Se presentó al Cabildo con esta nota:
Muy ilustre Cabildo. Manuel Antonio Picabea con todo aquel respeto y acatamiento que debo a V.S. digo: que las dos adjuntas certificaciones convencen, no solamente del celo con que he procurado defender la religión y los derechos de nuestro soberano, sino que también para ser del todo útil, receloso que sin armas no pudiese cumplir tan ampliamente mis deseos, tenía estas guardadas, a costa de los muchos riesgos que patentiza mi estado (se presentó "con un fusil y fornitura" a la 1º compañía del batallón de Cantabria, el primero de julio de 1807 y con ellos entró repetidamente en combate contra los ingleses). Yo quisiera sin duda alguna gozar del sorteo que tan generosamente V.S. ofrece para que se liberte una porción de mi clase; pero el amor que tengo a mi señora ama, me hace resistir contra mi propio bien, y que prefiera vivir en el miserable estado en que me hallo, que gozar una libertad que desea mi corazón con tanta naturalidad, y este es el porqué: Mi señora es septuagenaria, soltera y achacosa; me ha criado con todo cariño, y en el día es de suerte algo escasa; yo soy albañil, y con mi jornal alivio en lo posible su estado, acompañándola el resto del tiempo que me queda libre. Es tal el respeto y reconocimiento que le profeso, que aun cuando fuese cierto de alcanzar la libertad que me lisonjea el sorteo, temería que ésta me rindiese ingrato a quien debo tanto bien, y tal vez la desecharía. Estas circunstancias me obligan a suplicar a V. S. quiera, si tiene a bien, recompensar mis servicios como le dicte su generosa bondad: por lo que a V. S. sumisamente suplico se digne proveer lo que le estimule aquella bizarra nobleza que tanto brilla en sus elevadas acciones. Manuel Antonio Picabea.

El Cabildo, después de una investigación del caso, el 14 de noviembre de 1807 libró un decreto por el cual encomiaba a Picabea, le concedía 50 pesos fuertes y mandaba publicar el caso "para que se haga público un hecho tan extraordinario, como digno de que se imite por los de su condición", cosa que hizo la Imprenta de los Niños Expósitos.

lunes, 24 de octubre de 2005

José Antonio

Me puse a leer unos discursos de José Antonio Primo de Rivera. A releer, en realidad, porque ya los había leído no me acuerdo cuándo.

De los varios que topé, uno me llamó la atención.

Lo pronunció en el Cine Madrid, de Madrid, el 17 de noviembre de 1935, en la clausura del Segundo Consejo Nacional de la Falange.

Es un discurso que podría resultar extraño a primera vista, entre otras cosas porque tiene una larguísima exposición sobre aspectos económicos de la política y de aspectos políticos de la economía.

Pero también porque, por ejemplo, hay pasajes de este tenor:
El régimen ruso en España sería un infierno. Pero ya sabéis por Teología que ni siquiera el infierno es el mal absoluto. Del mismo modo, el régimen ruso no es el mal absoluto tampoco: es, si me lo permitís, la versión infernal del afán hacia un mundo mejor. Si se tratara solamente de una extravagancia satánica, del capricho de unos cuantos ideólogos, es cierto que el régimen ruso no llevaría dieciocho años de existencia ni constituiría un grave peligro. Lo que ocurre es que el régimen ruso ha venido a nacer en el instante en que el orden social anterior, el orden liberal capitalista, estaba en los últimos instantes de su crisis y en los primeros de su definitiva descomposición...

En fin, me obligó a pensar otra vez en cosas que ya sabía y que he pensado otras veces y que incluso alguna vez ya he dicho aquí, de José Antonio y de su credo acerca de las derechas y la izquierda, por caso. No tiene por qué caerle bien a las izquierdas. Pero es verdad que todo el discurso está lleno de ideas muy distintas de aquellas ideas que las derechas de catálogo podrían suscribir, entonces y más aún ahora.

Más bien, en tiempos como aquellos, habrían estado más dispuestas a combatir a alguien que pensara cosas de este tipo y otras que en aquella pieza se leen. Tal vez a fusilarlo, incluso, y no quiero parecer insidioso.

Un poco antes, en el Teatro Calderón de Valladolid, el 4 de marzo de 1934, en la Proclamación de Falange Española de la J.O.N.S., José Antonio se veía en la obligación de levantar varias acusaciones contra la Falange, que por el contenido podrían provenir tanto de la izquierda como de las derechas, enmarcando esta vez su discurso -en razón del lugar en que se encuentra- en un elogio y ponderación de Castilla.

En esa ocasión, terminó con estas palabras:
Nosotros no aspiramos a nada. No aspiramos si no es, acaso, a ser los primeros en el peligro. Lo que queremos es que España, otra vez, se vuelva a sí misma y, con honor, justicia social, juventud y entusiasmo patrio, diga lo que esta misma ciudad de Valladolid decía en una carta al emperador Carlos V en 1516:
"Vuestra alteza debe venir a tomar en la una mano aquel yugo que el católico rey vuestro abuelo os dejó, con el cual tantos bravos y soberbios se domaron, y en la otra, las flechas de aquella reina sin par, vuestra abuela doña Isabel, con que puso a los moros tan lejos."

domingo, 23 de octubre de 2005

El cristianismo de la historia

Si uno lo piensa un poco, no es cosa de sorprender. Pero el hecho es que me sorprendió.

El joven sacerdote norteño tiene, como todos sus hermanos en religión, un modo peculiar de celebrar la misa. Por supuesto que también levanta el 'ustedes' y otras modalidades coloquiales, no como uso lingüístico, sino como bandera de liberación.

La palabra -liberación, claro- apareció también en la consagración, como motivo genérico en lugar de la redención o del más específico 'pecado'. Nada muy nuevo.

Y cosas así.

La homilía tuvo su momento. El tema fue más bien la ley. Pero de algún modo derivó intensamente en un análisis de lo que llamaría el constantinismo en la historia de la Iglesia y del mundo.

La tesis estaba bien urdida y era interesante, aunque -insisto- no nueva y, hasta donde entiendo, sesgada.

Los cristianos 'necesitan' (deben buscar, deben preferir), más bien la marginalidad y la exclusión, e incluso la persecución y el martirio. No deben esperar y pretender estar arriba, sino abajo. No estar en el centro, sino en la periferia, no ser la cáscara, sino ser -en ese sentido- lo de adentro. No debe importarles fundar una civilización que les haga más fácil ser cristiano. Deben aspirar a la dificultad, a deshacerse del mundo que los rodea, deben prescindir de él. No tienen que proponerse conquistarlo como se hizo en otras épocas, ni gobernarlo.

De este modo, con esta actitud, el cristiano puede producir en la historia los frutos que se esperarían de él.

La palabra clave es 'frutos', pero 'historia' no le va en saga. Llegó la aplicación obligada hasta el día de hoy, día de votaciones y comicios y escrutinios en el país. Y arriesgó una pragmática cristiana ante la vida cívica, paradojal, si bien se mira. Al cristiano no debe importarle el resultado de las elecciones, ni siquiera quién gobierna.

Tiene una historia aparte, propia, tiene su ley. Y a ella se ajusta y por ella se mide su 'eficacia'. Esa ley es el amor, que quedó sin definir, por lo menos en el discurso racional, aunque flotaba junto a la palabra 'compromiso' con un sentido difuso pero inclinado a la versión social del compromiso y el amor.

No estoy seguro de que la estricta línea argumental sea fácil de ubicar teológica y hasta políticamente. Estoy seguro de que no era un comento ni exegético o teológico. Ni siquiera espiritual. Seguro no era político ni sociológico, puro, estricto.

Para quien tuviera memoria, la actitud era la de los '70. No el lenguaje ni el punto de vista ni las secuelas prácticas.

Es verdad que todas las voces que usaba el celebrante están ya redefinidas y esto hace que cualquier resistencia a un tipo de lenguaje o concepción de la fe y de la vida religiosa, sea poco menos que inexistente. Es verdad también que las misas aglutinan en general públicos homogéneos: hay misas para todos los gustos. O casi todos. En general, y parafraseando a Lewis, me parece que no hay casi 'misas...y nada más', 'meras misas'.

Pero, más allá de esto, diría que la actitud de nuestro celebrante tenía bastante de postmoderna, si eso significa que la exposición suponía un pensamiento blando, sin rigidez, y en consecuencia sin definición tajante o excluyente; pero, además, sin habilitar ninguna confrontación. Una especie de libertad de pensamiento que no admite discusión y que por lo mismo se vuelve, en los hechos, un hecho.

Extraña me resultó la exposición. Desapegada, desprendida, en apariencia. Prescindente. Como si dijera erasmista, o utopista.

El cristiano por afuera y por abajo de este mundo. Por adentro y por afuera, a la vez, aunque en sentidos opuestos.

Por supuesto que la idea tiene tantas definiciones como se quiera. Incluso contradictorias.

Es tan verdadera en su formulación (sin pedirle definición a ninguna de las palabras y de los conceptos que se usan en ella), que es peligrosísimo darle la razón.

Hasta el ofertorio.

Como una especie de prueba de que no es una mera misa, los libros de cantos parroquiales de esta misa parroquial, son suplantados, a los efectos de esta misa, por otros libros de cantos que trae el celebrante o la organización de esta misa de este celebrante.

El 178 acompañaba las ofrendas.

ver

Es joven el que espera,
el que sabe caminar,
el que lucha por el reino
sin volver la vista atrás.

El que da su mano al otro,
el que sabe transformar,
el que es pan para los pobres
defendiendo la verdad.

Quiero ser pan,
para el hombre ser el pan,
de mi pueblo y construir
el escándalo de compartir. (Bis)

Es joven el que arriesga,
el que sabe caminar,
el que siempre se pregunta
sin volver la vista atrás.

El que sabe hacer historia,
el que sabe transformar,
el que es voz de los pequeños
defendiendo la verdad.


Alguna pista me llevé de este cantito, fervoroso, rasgueadísimo, ritmoso.

Pero no llegué a hacerme una idea mejor de todo esto hasta que no leí el 179.

ver

Amasar con cariño mi tierra,
aceptando el fracaso parcial,
entregar a la historia mi barro
hecho cántaro pleno y total.

Lo que siento tapera en mi vida
para Dios es etapa, tal vez,
provisorio proyecto de barro
que cachorro algún día ha de ser.

En sus manos mi greda se afina,
se hace pasta capaz de moldear.
Va creciendo despacio por dentro.
Va dejando proyectos detrás.

Cha', que es duro creer en la historia
y aceptar los proyectos de Dios,
esperar en silencio su fuego,
el que Él para mí destinó.

Desde el fuego final de la muerte,
hecho cántaro regresaré,
en vasija, silencio y servicio,
para el pueblo que habrá de nacer.

Creí entender allí que, por lo menos, la cuestión que antes tenía un fraseo épico y revolucionario, armado y como si dijéramos anticapitalista, se ha vuelto como si dijéramos lírica, y difusa (no porque sean sinónimos...) Y que se había afinado bastante la precisión acerca de para qué existe el cristianismo.

Entonces tuve que pensar, toda de nuevo, la homilía.

Y en eso estoy.

viernes, 21 de octubre de 2005

Ángulo agudísimo

Obsérvese bien.

Hay que tomarse unos minutos. Mire bien la imagen. Es una imagen cualquiera. Ni mejor ni peor. Pero alcanza y sobra.

Observe con atención el emblema. ¿Se ve? Es obviamente una mamá o su emblema. Y lo que está en alto es un niño o su emblema.

Alcanza.

Observe bien. ¿No es verdad que el flexible brazo se extiende superando los 90º y que el niñito extiende los suyos correspondientemente?

Y eso es así emblemáticamente, pues el brazo extendido es un gesto materno típico.

Para alzar al hijo, para jugar con él en el aire, para tenderle los brazos y hacerlo caminar, recogerlo y mimarlo, llamarlo amorosamente.

Por eso es que el dibujito no necesita más detalles.

Pues, esta imagen emblemática podría pasar al olvido. El asunto lleva rumbo de cambio. El ángulo, digo, por lo pronto.

Porque he observado que un -no el único- efecto del uso de telefonitos celulares, es la ya perdurable contracción del brazo y la consecuente y brutal reducción del ángulo del codo, con todas las secuelas físicas, psicológicas, morales, afectivas y espirituales que quieran imaginar para cuando el codo se contrae.

Ahora bien.

Ésa, al fin y al cabo, es la buena noticia.

Porque esto mismo ha llegado fatalmente a las madres.

miércoles, 19 de octubre de 2005

Batalla naval sobre humor acuoso

Dias atrás, hablábamos con unas gentes del pueblo sobre imaginación artística, poesía y otros temas propios de un cuartel (propios en tiempos de guerreros poetas, dos especies que han desaparecido; y, juntas, más todavía...).

Caímos en la cuestión de las dificultades para hacer versos y sobre todo rimas. Así apareció en escena esa prótesis lírica que se llama Diccionario de la Rima. Y recordé un poema chusco de Leopoldo Marechal, que tiene su historia.

Como hace unos años escribí para una revista de marineros una nota (Sobre poetas y nautas) en ocasión de ese poema, no tengo más que recurrir al espantoso expediente de citar algunos párrafos propios para explicar las circunstancias y ahorrarme tiempo.

Marechal se burla allí en verso de los versos de su homónimo Lugones. El discípulo de 27, frente al maestro de 53. Encarnizada disputa desde la revista de los 'chicos' , Martín Fierro, y respuestas desde La Nación y la misma revista por parte del veterano.

Y, ya que hablamos de agua, no será baladí refrescar el poema del hombre del sur, que es lo que en realidad cuenta.
ver


(...)


La palabra es al poeta lo que que el agua al marino.


Sin ellas, ninguno de ambos tiene qué decir. Así como es inconcebible un hombre de mar sin mar, es inconcebible un poeta sin palabras. Solamente en un sentido figurado -a veces sublime y otras veces ridículo- pueden ambos prescindir de su elemento primordial.

Así como hay armadas de países súbitamente mediterráneos, a veces el hombre llega a hacerse, por ejemplo, navegante del cielo o del tiempo, según la imaginación.

Astronautas, eternautas, nautas de todas las progenies suplantan al agua como pueden. Pero todos sabemos que la navegación por antonomasia, la navegación epónima, tiene lugar sobre el lomo ondulante de los mares. Lo demás, es lo de menos.


También hay poesía en la rosa -no en el poema sobre la rosa, sino en la rosa misma-; así como la cara de un niño, un atardecer o un flambeado de peras con licor al plato "son un poema". Claro, sin palabras. Pero, como entre los nautas, los poetas son los que traducen en palabras los sentidos escondidos en las cosas. Y sin palabras no existe traducción verdaderamente poética.

(......
)

Dos poetas argentinos. Las palabras de uno despiertan en el otro el deseo de chanza. Irreverencia del más joven que burla a su maestro devolviendo en palabras -en los mismos sonidos de las palabras de su maestro- sonidos nuevos y algo disparatados.


(......)

Entre 1924 y 1927 se editó en Buenos Aires la revista Martín Fierro que se nutría de la pluma de muchos de los poetas y escritores nombrados. Era un movimiento irreverente como todos los de ese estilo, pues tratataba de sacudir el ámbito literario local. La generación anterior había sido la del Centenario, alrededor de 1910, con parecidas aspiraciones aunque modalidades diversas. Siempre detrás de nuevos modos de decir lo de siempre.

El humor poético de los martinfierristas -filoso humor-era una de sus características señaladas. Lugones fue varias veces objeto de sus pullas y famosos epitafios en versos, pequeños poemas y epigramas en los que mordazmente satirizaban a otros escritores. En los editoriales, en cambio, Lugones solía ser objeto de respeto filial y de elogio.

Por entonces -cosa de poetas- un debate cerrado se llevaba a cabo acerca de la necesidad o no de la rima en la poesía. Lugones era un defensor de la necesidad absoluta, más allá de la conveniencia y el gusto. Sin duda que su ingenio para la rima era de los más creativos. Y cuando la musa fallaba, siempre había un diccionario de la rima cerca que ayudara a completar un verso que debía rimar en rimas imposibles.

A los jóvenes se les antojó que era una manía de Lugones y que el gesto de la rima aparecía alguna que otra vez forzado. Y un poco de razón puede ser que tuvieran. En ese mismo año de 1927 Lugones publicaba en libro sus Poemas Solariegos, aludidos y mencionados en la broma lírica.

Así es como llegamos al poema satírico que un grande chico por entonces le dedica a un grande grande. La gracia está en mostrar como, atosigado por la necesidad de la rima a cualquier costo, un poeta se ve haciendo el ridículo no sólo de buscar palabras difíciles para sorprender con el malabarismo de que combinen con otra más difícil todavía. También pasa que el sentido va camino de ser un disparate, con tal de salvar la rima.

Guerra inofensiva, pero guerrra al fin. Y en este caso, guerra sobre el agua.

El Agua
(Poema veraniego a la manera de Leopoldo Lugones)

El agua es elemento del gazpacho
y afrenta sin igual para el borrracho,
el cual, diciéndolo de otro modo,
también se llama beodo.

Gime en los canalones
cuando forja el bienestar del paragüero;
es teniente coronel del puchero
y tiene sus razones
para lavar los pies de Leopoldo Lugones:
pies anhelantes de sosiego
tras escribir un poema solariego...

En el mar es un vasto complot
que hace nauragar el paquebot
y es un pretexto, un tanto frío,
para que exista el río.

El gañán ávido la chupa,
y sin ella no flota la chalupa,
aunque, tratándose del agua,
en lugar de "chalupa" mejor queda "piragua".

El pez
sin ella no es,
pues, según Bianchi y otros moralistas,
fuera del agua mueren las merluzas más listas.

Es una larga ausencia en la ropa interior
de más de un trovador;
ignorancia o miedo
entre los escritores de Boedo.

Florece una vez por año
para algunos escépticos, en el cuarto de baño;
aunque Mergault (la duda misma)
hable del agua como de un sofisma.
De cualquier modo, puesta en consonantes
y en forma de canción
vale cien pesos constantes
en el Suplemento de La Nación.

Hace temblar el arrecife

y, en modo vario,
sirve de corolario
a la ternura insólita del bife.
Por ella existe el balneario
y no se va por tren a Tenerife;
por ella abrimos el feliz paraguas
o tenemos un perro de aguas...
(Aunque tal vez sea invención
del Club Nacional de Natación).

Cándida y pura, guisa
la hortaliza;
es edecán
del pan;
sostén para el tren;
bulín del delfín;
corazón
del sifón;
simún del atún...

¡Y al fin es ducha helada
para quien no comprenda esta versada!

martes, 18 de octubre de 2005

Copla culta

En medio de El curioso impertinente, una de las novelas intercaladas en el Quijote, aparecen unos versos referidos a la mujer (y a la historia que se cuenta en ese desvío de la obra):
Es de vidrio la mujer:
pero no se ha de probar
si se puede o no quebrar,
porque todo podría ser.

Y es más fácil el quebrarse,
y no es cordura ponerse
a peligro de romperse
lo que no puede soldarse.

Y en esta opinión estén
todos, y en razón la fundo;
que si hay Dánaes en el mundo,
hay pluvias de oro también.

lunes, 17 de octubre de 2005

Abelismo acainado

Releía en este fin de semana Abel Sánchez de Miguel de Unamuno. Siempre me gustó. Es una novelita poderosa, llena de aciertos agudísimos y de pavadas varias; pavadas interesantes, eso sí. Total que la suma da para más que para menos.

Se supone -hay que creerle al autor- que es una pintura del alma de España. Pero hay que leerla ahora -se publicó por primera vez en 1917 y por segunda en 1928- para ver lo que va desde entonces. No sé cómo les sabe ahora, hoy día, a los españoles. Me parece que algo que era el alma de España y que podía estar en el fondo de la percepción de Unamuno, hoy ya no existe, o no se ve. Más bien, no existe.

Igual tiene un escalpelo incisivo el vasco, como él mismo dice. Demasiado quizás. Creo que él se ha intoxicado con algo de su propia medicina. Porque se ve según el modo de mirar, también.

La novela es la historia -las historias cruzadas- del retorcido y concienzudo médico Joaquín Monegro y del brillante y encantador pintor Abel Sánchez, emblemas de Caín y Abel, obviamente, quienes a su vez ponen en escena lo que Unamuno considera el vicio español: la envidia.

No me parece que sea una novela teológica. Más bien es sociológica en un sentido laxo. Y poética en el mismo sentido. Una especie de fenomenología de los engranajes de la envidia social, pero sobre todo de los engranajes de la conciencia, envidiosa o no.

Hay bastante política, claro. En un sentido bastante pasable. Después de todo, ponerle la lupa a la sociedad es siempre por lo menos una mirada política. Y hasta una actitud política.

Pero en lo que tiene de tesis, digamos, Unamuno revela algunas torsiones mentales que hasta podrían ser ideológicas, en sus personajes y en él mismo, claro.

Este pasaje que copio abajo creo que es un ejemplo. Se supone que Abel es el bueno y Joaquín el cainita. Unamuno acusa larvadamente a Abel por su 'abelismo'. Lo hace por boca del propio Joaquín, quien por otra parte es la primera persona narrativa, mirando con mirada de fuego (y de hielo) su propio corazón envidioso, disecando su alma.

Están hablando en capítulo XVI de la supuesta conversión religiosa de Joaquín.
-¿Conque te has hecho ahora reaccionario? -le dijo un día Abel a Joaquín.
-¿Yo?
-Sí, me han dicho que te has dado a la Iglesia y que oyes misa diaria, y como nunca has creído ni en Dios ni en el diablo, y no es cosa de convertirse así, sin más ni menos, ¡pues te has hecho reaccionario!
-¿Y a ti qué?-No, si no te pido cuentas; pero...¿crees de veras?
-Necesito creer.
-Eso es otra cosa. ¿Pero crees?
-Ya te dicho que necesito creer, y no me preguntes más.
-Pues has pintado Vírgenes...
-Sí, a Helena (la mujer de Abel a quien siempre amó o deseó Joaquín).
-Que no lo es, precisamente.
-Para mí como si lo fuese. Es la madre de mi hijo...
-¿Nada más?
-Y toda madre es virgen en cuanto es madre.
-¡Ya estás haciendo teología!
-No sé. Pero aborrezco el reaccionarismo y la gazmoñería. Todo eso me parece que no nace sino de la envidia, y me extraña en ti, que te creo muy capaz de distinguirte del vulgo de los mediocres, me extraña que te pongas ese uniforme.
-¡A ver, a ver, Abel, explícate!
-Es muy claro. Los espíritus vulgares, ramplones, no consiguen distinguirse, y como no pueden sufrir que otros se distingan les quieren imponer el uniforme del dogma, que es un traje de munición, para que no se distingan. El origen de toda ortodoxia, lo mismo en religión que en arte, es la envidia, no te quepa duda. Si a todos se nos deja vestirnos como se nos antoje, a uno se le ocurre un atavío que llame la atención y ponga en realce su natural elegancia, y si es hombre hace que las mujeres le admiren y se enamoren de él, mientras otro, naturalmente ramplón y vulgar, no logra sino ponerse en ridículo buscando vestirse a su modo, y por eso los vulgares, los ramplones, que son los envidiosos, han ideado una especie de uniforme, un modo de vestirse como muñecos, que pueda ser moda, porque la moda es otra ortodoxia. Desengáñate, Joaquín: eso que llaman ideas peligrosas, atrevidas, impías, no son sino las que no se les ocurren a los pobres de ingenio rutinario, a los que no tiene ni pizca de sentido propio ni originalidad y sí sólo sentido común y vulgaridad. Lo que más odian es la imaginación porque no la tienen.
-Y aunque así sea -exclamó Joaquín-, es que esos que llaman los vulgares, los ramplones, los mediocres, ¿no tienen derecho a defenderse?
-Otra vez defendiste en mi casa, ¿te acuerdas?, a Caín, al envidioso, y luego, en aquel inolvidable discurso que me moriré repitiéndotelo, en aquel discurso, al que debo lo más de mi reputación (se refiere a un discurso que pronunció Joaquín al presentar en un banquete una pintura que Abel había hecho de Caín), nos enseñaste, me enseñaste a mí al menos, el alma de Caín. Pero Caín no era ningún vulgar, ningún ramplón, ningún mediocre...
-Pero fue el padre de los envidiosos.
-Sí, pero de otra envidia, no de la de esa gente... La envidia de Caín era algo grande; la del fanático inquisidor es lo más pequeño que hay. Y me choca verte entre ellos.

En fin. Asuntos complicados. Una perspectiva. Algo del superhombre nietzscheano flota por allí. Y algo bastante más del singular de Kierkegaard, amañando junto al modo de ver las cosas según el hombre en su estadio estético. Y ése parece ser Abel.

Mientras, Unamuno parece habérselas arreglado para superponer el alma de España, la disección de la envidia y los revoltijos espirituales de un hombre -el médico Joaquín Monegro- que tiene por momentos arrestos claros de la psicología del hombre en el estadio religioso, a mi ver.

Sin embargo, y con todo, (verán si la leen) creo que Unamuno en esta "nibola" ha pasado a la vez por el centro y por el costado del asunto bíblico. Y no sé si no es eso mismo lo que ha hecho bien. Y al mismo tiempo, mal.

Me parece que apiló demasiadas cosas. Es casi un ensayo, en el sentido de un intento.

Pero me hizo pasar una tardecita y una mañana en plena y sabrosa discusión entre los cuatro.

Útil, y agradable, después de todo. Y por lejos mejor que el sermón del cura este domingo.

domingo, 16 de octubre de 2005

La razón

Si uno se fija, a Jesús lo mataron por una razón y por muchas.

'Tenía' que morir, por supuesto. Él lo dispuso así, más allá de lo que hicieran y pensaran los que querían matarlo. Aun entendiendo que los que buscaban matarlo estaban 'trabajando' ellos mismos para Él, sin saberlo y sin querer.

Fue Él quien eligió ese modo de redimir, y eligió cuándo. Y de algún modo eligió la razón.

No la razón de la Redención, porque esa razón es sin más el rescate de la creatura y de la creación. Sino, más bien, la razón inmediata de la condena a muerte.
Por esto el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, soy yo quien la doy de mí mismo. Tengo poder para darla y poder para volver a tomarla. Tal es el mandato que del Padre he recibido. (Jn. 10, 17-18)
Buscaron matarlo desde que nació, en realidad. Pero entonces no era el cuándo, aunque la razón por la que querían matarlo era esa misma de algún modo. Tampoco era el cuándo todas las otras veces en que buscaron matarlo por otras diversas razones. Y todo así hasta el episodio de Lázaro.

Desde entonces, alarmados por su 'peligrosidad' -y por instigación de Caifás que dictaminó y' profetizó' (Jn. 11, 47-53) que mejor era que muriera un hombre por todo el pueblo (substituyendo, de paso, al Mesías por Israel)-, resolvieron efectivamente matarlo y lo buscaban por todas partes y esperaban que subiera a Jerusalén para la fiesta de la Pascua para apresarlo, tal como hicieron.

Este caso, por ejemplo, el de la lectura de san Mateo de este domingo, no es distinto de tantas otras ocasiones. La razón para tentarlo, poder condenarlo y hacerlo morir fue si había o no que pagar impuestos a Roma. Lo tentarán inmediatamente después los saduceos con la resurrección en la que no creían y los propios fariseos acerca del mandamiento mayor y más tarde sobre cómo el Cristo podría ser hijo de David. Todo terminará con la dura y extensa acusación de Jesús contra fariseos y escribas.

Sin embargo, cuando por fin se decidieron a apresarlo, traición de Judas mediante, le preguntaron ante todo el Sanedrín:
Entonces, ¿eres tú el Hijo de Dios?
Vosotros lo decís, yo soy, les dijo.
Dijeron ellos: ¿qué necesidad tenemos de testigos? Porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.
Y el pontífice se rasgó las vestiduras y proclamó la 'blasfemia'. Y así lo condenaron a muerte por aclamación.

Cuando lo acusan ante Pilato dicen de Él que pervierte al pueblo, que prohíbe pagar tributo al César y que dice ser Él el Mesías rey.

Jesús acepta solamente el cargo de decirse Rey de los judíos por el que le pregunta el romano:Tú lo dices, le contesta. Y hasta le explica el origen y la naturaleza de su Reino.

El consejo de los ancianos del pueblo y los príncipes de los sacerdotes y los escribas insisten: subleva al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí. Finalmente, el propio Pilato les pregunta si debe condenar al rey de los judíos.
Nosotros tenemos una ley, y, según la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.
Y, al fin, se enardecen sus acusadores ante Pilato:
¡Crucifícalo! Nosotros no tenemos más rey que el César.
Es decir, de un modo u otro, le echan en cara y usan muchas de las cosas en las que habían fracasado al pretender tentarlo y prenderlo. Y suman a ello sus enseñanzas y sus milagros. Pero la razón insoportable (aunque la mirásemos políticamente, mezquinamente): rey de los judíos y Mesías. Y así todavía se lo reprochan a Pilato cuando coloca la sentencia sobre la cruz: Jesús nazareno, rey de los judíos.

Sigue siendo verdad, con todo, que Jesús no se dejó matar por cualquier razón, aunque están todas en el final, todas las que molestaron y escandalizaron a los príncipes de los sacerdotes, a los escribas y fariseos durante su vida pública (y aun desde antes, desde su propio nacimiento 'peligroso'.)

Es más difícil saber las cuestiones relativas a 'su hora', al 'cuándo'.

Pero está bastante claro que quiso elegir, pudo elegir y finalmente eligió la razón, la oportunidad. Muchas veces, sabiendo que lo buscaban para matarlo, que lo buscaban para prenderlo, se retiró, se les escabulló, se apartó, se escondió. Le recuerda por fin al Sanedrín que enseñaba todos los días en las calles y en la explanada del templo y que podrían haberlo apresado, mostrándoles que lo habían prendido mañosamente.

Y, de paso, mostrándoles (y mostrándonos) que -'llegada su hora'- ellos creen que lo apresan y que, en realidad, Él se entrega. Ellos creen que tienen razones y es Él quien les da la razón. Y antes no pasa porque Él no lo quiere. Y no puede ser por otra razón, sino la que Él les da.


Creo realmente que es un asunto para mirar con más detenimiento. Parece que hay allí algo que nos dice algo acerca del modo de ser cristiano. Y de las razones para ser cristiano.

sábado, 15 de octubre de 2005

Hijo y hermano

El Padre Castellani le tenía grande devoción a Santa Teresa, y a otros tantos que habían sufrido, probablemente en razón de que identificaba su propio sufrimiento con los suyos.

Pero con Teresa la Grande tenía una afición tan fraterna como filial.

En sus penosas aventuras europeas de fines de los '40, escribió mucha obra en verso. Hay varias en ocasión de y para Teresa de Ávila. Tienen sabor a oraciones (están, precisamente, en una compilación en verso de sus dolores de esos años, entre 1946 y 1951, que se llama El Libro de las Oraciones.)

Este soneto, escrito en Roma el 15 de abril de 1947, es uno de los que le dedicó:
Soneto CDIX

Tenemos algo en que nos parecemos
¡oh, mi hermanastra! ¡Cómo te gustaba
trabajar con la tinta, y rehusaba
tu corazón el trato con los memos!

Bien diferente soy de tus extremos
de amor y genio... Pero, ¡cómo odiaba
tu pecho puro al que lo destrozaba
fariseísmo y desbordado demos!

Ámame, pues, por los comunes rasgos
y los extraños borra y vuelve tuyos
en el crisol de la oración pasiva.

No ambiciono más altos mayorazgos...
Planta en mi campo, en mi abrojal de yuyos,
un lirio oculto que se lance arriba...

Unos días después, el 5 de mayo (fechándolo en Roma como 'destierro'), escribió este otro que tiene en cifras varias doctrinas de la santa:
Soneto CDXVI
"La paciencia, todo lo alcanza". Santa Teresa.
"Tener que hacer absurdos por fuerza, no es obediencia, es paciencia". San Ignacio.

Santa Paciencia es una grande santa
que la confunden los de poca ciencia
con la santa obediencia
que es una fruta y ella es una planta.

En tierra ahonda su raíz y aguanta;
se abreva en el hondón de la conciencia;
su raíz es la paz; de paz, paciencia...
Gemir parece al huracán y canta.

Santa paciencia espera. Sabe que la
realidad, su hermana, es volvedora;
ante el error se inmoviliza y vela
girando lentamente hacia la aurora...

La aromatiza el hacha y la revela
la endurece la seca y la nïela
y la muerte, magnífica, la enflora.

A principios de ese año, todavía en Génova, terminó de escribir una Oración a Santa Teresa, en siete partes, que había comenzado el 7 de diciembre de 1946, en Buenos Aires, al partir para Europa.

La quinta parte, del 16 de enero de 1947, dice:
Hasta el alcázar de Nuestra Señora,
Oh Teresa, encamina mi destino;
si hay fosos y un dragón en el camino
condúceme lo mismo, conductora.

Sin saber lo que es, mi alma lo añora
sin poder definirlo, lo adivino
y un algo en mí lo anuncia, como el trino
del ruiseñor, que hace nacer la aurora.

Madre de Dios, pretendo el no ordinario
favor de entrar en su lilial ambiente
y hablar contigo sin intermediario...
y magnéticamente

como un cirio en el alto lampadario,
como una flor al fuego del santuario,
como un pobre tizón del incensario
volverme aroma paulatinamente...

Interpretación de la hermenéutica interpretativa

Me resulta un poco difícil saber por qué este reportaje figura en la sección Política del diario.

Será tal vez que la talismánica palabra 'dictador' es la que le sirve de salvoconducto. Si es así es un caso sofisticado de sofística.

Pero es interesante. Tengo que dedicarle un poco más de tiempo a las afirmaciones de este señor.

Notable siempre que sobre Freud, como sobre Marx y otros profetas contemporáneos, haya escuelas hermenéuticas encarnizadas.

Pero eso mismo pasa con muchos, me parece. Así como hay tomistas más platónico-agustinianos que aristotélicos, en tensión dialéctica, por ejemplo. O hermeneutas de unidad básica que discuten si Perón era fascista más que castrista o más socialista que conservador.

Cuestión de tironeos.

Es verdad que esta versión del psicoanálisis y de Sigmund Feud de este señor Isidoro Vegh, leída inadvertidamente, puede parecer cuanto menos deliciosamente naïf.

Por poco no nos falta un evangelio más a los cristianos, un tomo del Corán a los musulmanes y de la Torá no digo nada.

Sin embargo, mientras dejo algunas partes que me interesaron más que otras -por ejemplo las nociones sobre palabra, deseo, felicidad, libertad- de esta pieza de relojería (hay explosivos que también tienen un mecanismo delicado y elaborado para hacer estallar todo por el aire), me apuro a citar al propio Freud.

Unos meses antes de morir, en mayo de 1939, le escribió al inglés Charles Berg -autor de un libro que lleva el bonito título de "War in the Mind", que Freud prologó- una carta que en su párrafo central dice:
Comprenderá usted que yo abrigue ciertas sospechas contra la técnica de aquellos analistas que han tomado por objetivo la popularización del análisis. Ésta me parece una tarea sumamente difícil o aun imposible. El hombre de la calle difícilmente admitirá y asimilará nuestra concepción de una mente inconsciente, ni se mostrará dispuesto a aceptar la importancia que concedemos a los impulsos primarios.

El psicoanálisis bien podría no llegar nunca a ser popular.

Más allá del juicio que nos hagamos de la calidad de las 'profecías' de Freud, no sé si no habría que procurarse, en tren de hermenéuticas, un volumen que, por ejemplo, llevara por título "Isidoro Vegh según Sigmund Freud".

Ayudaría a descular bonitamente lo que dice el que dijo lo que dice uno que dijo el que dijo algo que no se sabe si es lo que dijo el que dicen algunos que pudo haber dicho y no dijo del todo pero se podría suponer que lo habría dicho...

viernes, 14 de octubre de 2005

Silencio tácito

Reposa amordazado, calla y viene
a lucir entre sombras, el silencio.
El silencio de ti, la voz dormida,
una canción sin versos ni sonidos.

No pueden -ya no saben- pronunciarte.
Un asta sin bandera y sin aroma
la flor. Sin agua el cauce. El silencioso
viento de mar. Tu voz inexistente.

La tarde calla y todo calla y todo
calla de ti. La voz, el trino, el aire
callan y todos callan todo. Y calla
hasta el silencio mudo amordazado.

Omnium Britanniarum Rex

Miren lo que son las cosas (y esto viene a cuento porque estuve hablando de que un nombre es un destino, y de Tomás y Enrique.)

El caso es que si uno es inglés y se llama Tomás y es católico, es muy probable que llegue a ser mártir, si acaso le tocare un rey que se llama Enrique y eso contando con que le ofrezcan el cargo de canciller, claro.

Así fueron las cosas en el caso de Enrique II -que nombré ayer- y su canciller, santo Tomás Becket, muerto a cuchilladas en 1170 por cuatro 'caballeros' en Canterbury, la catedral sede de su arzobispado. Por esta razón el rey fue excomulgado por Alejandro III y perdonado después de larga penitencia. A Tomás Becket lo canoniza el mismo papa en 1173 y su fiesta se celebra el 29 de diciembre.

En 1535, Enrique VIII mandó al cadalso a sir Tomás Moro, su canciller, que murió decapitado. Cuatrocientos años después, en 1935, Pío XI canonizó como mártir al último canciller Tomás del último rey Enrique en Inglaterra. Su fiesta se celebra el 22 de junio.

Parece curioso además que este Enrique se ensañara con el anterior Tomás, pues mandó a destruir el cofre que contenía las reliquias del arzobispo mártir e hizo desaparecer su nombre -muy reverenciado en Inglaterra- de las ceremonias litúrgicas.

Como digo, el Octavo fue el último Enrique, king of England.


Ahora bien, en nuestros días hay en la isla un coronable: Henry Charles Albert David Mountbatten Windsor. El príncipe Harry, para los amigos.

jueves, 13 de octubre de 2005

No sé si me explico



Un premio de la FIFA es como si dijéramos un Premio Nobel de Literatura.

O de las Naciones Unidas, por ejemplo.

Es básicamente injusto que premien. Aunque el premio sea justo.

Ahora, que el tipo no desmerece, no desmerece.

Y si lo gana, será justicia al mérito.

El guardián del tesoro

Apenas antes de la famosa batalla de Hastings (la invasión de Guillermo el normando a Inglaterra), en 1066, murió el rey Eduardo, llamado el Confesor.

Fue canonizado en 1161 y dicen que tenía el poder de curar con la imposición de manos, algo que otros reyes han tenido. En 1163 se trasladaron sus restos a la Abadía de Westminster -que él había mandado a construir y no vio terminada- en medio de una ceremonia que presidió el arzobispo Tomás Becket, después mártir a manos de Enrique II (episodio que da lugar a Asesinato en la Catedral, de T. S. Eliot.)

Por entonces, la iglesia lo nombró a Eduardo el confesor patrono de los reyes, pero también de los matrimonios en problemas y de las mujeres separadas. Parece que no tuvo hijos en razón de un voto de castidad anterior a su matrimonio.

Hasta 1348 fue también el santo patrono Inglaterra, en que fue sustituido por San Jorge.

Bien.

Por lo pronto, había reyes santos como había obispos mártires. Es decir, evidentemente santos y mártires. Porque incluso en 'esta' Inglaterra hoy mismo, seguramente hay santos también, sin duda.

Aunque no parezca, que lo que uno no ve Dios lo sabe.

* * *

El nombre Edward, según parece, procede de un germánico hrodward, cuya traducción puede ser guardián glorioso, protector de su feudo, guardián del tesoro, ejército glorioso, y asuntos así.

Cada nombre es un destino, decían los antiguos.

miércoles, 12 de octubre de 2005

Pilarica

Ahí los tengo a los de la derecha comme il faut, que me miran de reojo y con una cara que ni les cuento. Y todo porque no soy lo suficiente y canónicamente hispanófilo como para andar de pitorreo obligao, por la Raza. Ni suelto panderetas por el General Ísimo, y cosas así. Caray, mi amigo. Ni falta que les haría ni les hace semejante devoción...

Pero ahí están los de la izquierda que, si se avispan, seguro van y me sentencian a muerte civil e histórica porque no cumplo el primer mandamiento del 12 de octubre: "Indigenarás a tu prójimo como a ti mismo". Y menos el segundo: "Santificarás a los originarios". Y así los siguientes mandatos, de genocidios y banderas del arcoiris al son de cultrunes mapuches y la Pacha Mama. Y la revolución bolivariana y la madre que los parió...

Malhaya mi suerte.

Pues.

Allá ellos.

Lo que es yo, como todos los que tenemos pierna y media, y sangre en las venas (aunque no sea roja y gualda...), de pura gratitud somos como obligados devotos de Nuestra Señora del Pilar y le tenemos una simpatía de lo más visigótica al bueno de Miguel Juan Pellicero. Y no me vengan con que ese milagro esto y aquello...

Por favor.

Después de todo, hoy es su fiesta también porque es la de Ella.

Así que a ellos ambos, a Ella y a él, y en ese orden, va mi recuerdo en este día.

Y si me lo pienso bien, es buena hora para pedirle a la Virgen de la Columna de Zaragoza que empiece a reparar cojos, otra vez. Empezando por España, cómo que no. Porque cojos hay en todas partes y el alma de las naciones también tiene piernas que reparar. Todas las almas de todas las naciones. Y las almas de los que estamos adentro de las naciones. Y sí que va a hacer falta un milagrazo...

A la vuelta de los siglos, habría que conquistar España, tal vez, eso sí. Lástima que la América aquella "que aún reza a Jesucristo y aún habla en español", ésa que podría o habría podido, anda ausente y sin aviso.

Pero, basta. Porque nos vamos a dar de piñas y tarascones. Y yo ando de festejo.

Así que, el que quiera, me acompañe con estas coplas.

Y aquí va la primera, y la más antigua.

ver

Oración del portentoso milagro que Nuestra Señora del Pilar ha obrado en el año 1640 a Miguel Pellizer, en la Villa de Calanda, en el Reyno de Aragón.

Con licencia, en Zaragoza por Diego Dormer, año 1642.


Virgen, que en vna Coluna
teneys asiento y morada
en quien de Ierusalen
venisteys a honrar a España.

En la ilustre Zaragoça
en essa Coluna santa
hallamos perpetuamente
a vuestra Magestad sacra.

En cuyo diuino trono,
de ordinario se despachan
los memoriales que embian
los que vuestro axilio aguardan.

Y con ser, Señora, tantos
los que os dan, es cosa rara
que nadie va sin consuelo
si en Vos pone confiança.

Como hizo aquel mancebo
de la Villa de Calanda,
en el Reyno de Aragon
que os llamó con dicha tanta.

Para referir el caso
os pido me alcanceys gracia,
porque assi declare al mundo
vna maravilla estraña.

El Milagro de Calanda

El año de treinta y siete,
como por verdad se halla
le sucedió a este Mancebo
vna dichosa desgracia.

Cargado vn carro de trigo
le passó con furia braba
por encima de vna pierna,
dexandola derrotada.

Traxeronle a.Zaragoça,
y en el Hospital que llaman
de tanto nombre en el mundo
nuestra Señora de Gracia.

Emprendióle vn Cirujano
de mucha opinion, y fama
mas aunque hizo quanto pudo
al fin huvo de cortalla.

La qual en el Cimenterio
de aquella bendita casa
la enterraron como cosa
que estaua muerta, y gastada.

Y se quedó allí después
para curarse la llaga,
y curada se le dió,
para salir de la cama.

De palo una pierna nueua
con la cual se gouernaua,
y en la Virgen del Pilar
muchas limosnas le dauan.

Y en el año de quarenta
se boluio a su mesma patria,
para viuir con sus padres,
que era lo que desseaua.

Adonde con deuoción
cada día suplicaua
a la Virgen le boluiesse
la pierna que le faltaua.

Tanto en esta petición
el mancebo porfiaua,
que se la boluió vna noche
la Princesa soberana.

Llegó la madre aquel punto
y vió que su hijo estaua
durmiendo, fuera la ropa
entrambas piernas mostraua.

Dió vozes a su marido,
y a su hijo despertaua,
y despertose díziendo,
que Dios se lo perdonara.

Porque en aquella ocasión
la Virgen Santa le hablaua
del Pilar, y le dezia
que ya con su pierna estaua.

Dos años, y cinco meses
se alla que está enterrada,
milagro que en todo el mundo
semejante no se halla.

Dixo la madre, es verdad,
mirala, y demosle gracias
a esta celestial Señora,
que te hizo mercedes tantas.

Deste milagroso caso
passó luego la palabra,
y acompañado de muchos
fué a la iglesia a la mañana.

A donde se confessó,
y a Dios recibió en su alma
y en auiendo oydo misa
le boluieron a su casa.

Donde de muchos lugares
a visitarle llegauan,
y a sus casas se boluian
dando a Dios mil alabanzas.

Después boluió a Zaragoça
do en la capilla sagrada
del Pilar puso la pierna
de palo que antes lleuaua.

Prosiguiose con processo
con aprouaciones tantas
que no se ha visto en el mundo
cosa mas aueriguada.

Acudamos a la Virgen
del Pilar que nos alcanza
salud, gracia, en esta vida,
y en la gloria eterna palma.

Miguel Sancho Izquierdo


Y, ahora, la segunda, más nueva.

ver

El Cojo de Calanda (Teruel)

Por Florencio Jardiel

«Para este pobre lisiado
que no lo puede ganar
una limosna bendita,
que Dios se lo pagará.»

Así, con voz suplicante,
del Pilar junto a las puertas,
pedía joven mendigo
piedad a las almas buenas.

Tuvo la mala fortuna
de que un día se cayera
bajo la rueda de un carro
que le fracturó la pierna.

Impuso la amputación
el temor a la gangrena;
y desde entonces, inútil
para el trabajo y sin fuerzas.

Miguel Pellicer recorre
ciudades, pueblos y aldeas,
una bendita limosna
pidiendo de puerta en puerta.

Mas él tiene sus amores
en aquella Virgen bella,
de sus bondades tesoro
pedestal de su grandeza,

En los umbrales benditos
de su templo pide y reza;
pide limosna a los fieles
y reza plegarias férvidas,

Y, cuando muere la tarde
y el templo en silencio queda,
porque las almas devotas
de su recinto se alejan,

Él a la Santa Capilla
enamorado se acerca
y se postra ante la Virgen
y le dice mil ternezas.

Y en ella clava sus ojos
y que le cure le ruega;
y para más obligarle
como madre que es tan buena,

Con aceite de la lámpara,
que está cercana a la verja,
cada día más amante,
unge el muñón de su pierna.

¡Pobre cojo de Calanda!
¡qué bien tu cariño muestras
a la Virgen del Pilar
confidente de tus penas!

Pasan días, pasan meses
y la confianza aquella
que en su ternura pusiste
ni se rinde ni flaquea.

Como si allá, en lo más hondo
de tu alma sencilla y recta,
sintieras la voz amante
de su bondad, siempre espléndida,
que te dijera, muy dulce,
espera, hijo mío, espera.


***

Andan revueltas las gentes
en la villa de Calanda,
al finar el mes de marzo
un día por la mañana.

Hombres, mujeres y chicos
se reúnen en la plaza
y unos con otros platican
y comentan en voz alta.

De un suceso misterioso
la noticia propalada,
se cuenta que aquella noche,
cuando tranquilo se hallaba

Miguel Pellicer, el cojo,
durmiendo en su pobre cama,
bajó del Cielo la Virgen,
que del Pilar es nombrada.

Y, acercándose al lisiado,
que con filial confianza
mil veces ante su imagen
pidióle que le curara,

Le restituyó la pierna,
que le tenían cortada.
Él dice que lo ha soñado,
las gentes por verlo claman,

No hay razón que las contenga
y en tropel van a su casa
y piden a grandes voces
que el mozo a la calle salga.

Sale; y, al ver por sus ojos,
la noticia confirmada,
sin que de pierna de palo
ni de muleta se valga,

Andando con ambos pies
y con ambas piernas sanas,
en piadosa confusión
el pueblo todo se afana,

Por demostrar la alegría
que tal milagro le causa.
Todos se acercan a él
y le miran y le palpan,

¿Es él, Miguel Pellicer?
¿Es ilusión? ¿Es fantasma?
Unos le besan la pierna,
otros, llorando, le abrazan.

Quienes caen de rodillas
y al cielo sus manos alzan,
aclamando del Pilar
a la Virgen Soberana;

Y en arranque de fervor,
que desborda de sus almas,
hombres, mujeres y chicos
a la iglesia lo acompañan

Renuévanse allí las voces
y los votos y las ansias,
las lágrimas en los ojos,
en la boca las plegarias.

¡Qué buena eres, Madre mía,
y cómo a los buenos amas
y cómo escuchas sus ruegos
y sus aflicciones calmas!

En aquel ambiente puro
y en ferviente acción de gracias,
todos su bondad celebran,
Y todos sus glorias cantan...

Y después a Zaragoza
vino Pellicer en alas
de su piedad, ya no cojo,
sino con la pierna sana.

Entró en la Santa Capilla,
la gratitud en el alma,
y postrado reverente
ante la Columna santa,

Recordó días pasados
de oraciones y de instancias,
cuando devoto se ungía
con aceite de las lámparas.

¿Qué no diría a la Virgen?
¿Con qué rendidas palabras
no expresaría la dicha
que a su corazón embarga,
agradecido al favor
que debe a su Madre amada?


***

Para perpetua memoria
de este milagro Calanda,
levantó fastuoso templo,
rico en dones, rico en galas.
Sobre el humilde solar
de la venturosa casa,
donde la Virgen María,
que de amar nunca se cansa,
hizo a Miguel Pellicer
santo objeto de sus gracias,
devolviéndole la pierna,
que le tenían cortada.


Y esta última, la tercera, tan popular y bonita que parece imposible. Me la pasó Juan Martín, que se la pasó Josefina, su hermana.

ver
El Ebro guarda silencio

El Ebro guarda silencio
al pasar por el pilar
la Virgen está dormida
la Virgen está dormida
no la quiere despertar.

Un carretero que viene
cantando por el rabal
lleva en el toldo pintada
lleva en el toldo pintada
una Virgen del Pilar.

Con trigo de cinco villas
viene de sierra de luna
y en los collerones llevan
campanas campanas
campanas las cinco mulas.

Besos de nieve y de cumbre
lleva el aire del Moncayo
y las mulas van haciendo
heridas heridas
heridas al empedrado.

Cruzando el puente de piedra
se oye una brava canción
en las torres las campanas
en las torres las campanas
estan tocando a oración.

Dos besos tengo en los labios
pa? mi Virgen del Pilar
uno me lo dio mi madre
uno me lo dip mi madre
y el otro mi soledad.

El perro del carretero
juega con la mula torda
es que saben que han llegado
llegado llegado
han llegado a Zaragoza.

El Ebro guarda silencio
al pasar por el Pilar:
la Virgen está dormida
la Virgen está dormida,
no la quiere despertar.